Hoy quiero mostraros una boda muy especial y con unas vistas de infarto. Los protagonistas son una pareja de bonitos que llevan juntos desde hace más de lo que puedo recordar. Son dos personas muy próximas a mí. Ella, Sílvia, divertida donde las haya, detallista, perfeccionista y amiga de sus amigas. Él, Joan, un tipo cabal, franco, receloso de su intimidad y enamorado de Sílvia hasta los huesos.

Ambos comparten pasión por la montaña y por Perla, su perrita. Así que estos dos elementos fueron cruciales en su día B.

Decidieron celebrar su boda civil el 11 de Octubre de hace un año, en un entorno precioso no, lo siguiente. Escogieron Ca n’Alzina, un espacio rústico, donde la madera, la piedra y el verde estaban presentes en todos sus rincones. El enclave de este precioso lugar se encuentra en la cima del pequeño pueblo de Rubió, cerca de Igualada, así que las vistas, como veremos, no fueron otras que las verdes y frondosas montañas de alrededor.

Ellos (ella, mejor) no solo no soltaron prenda de nada de los preparativos, si no que pretendían confundirnos diciendo que no sería convencional, y allí lo dejaban… así que nos esperábamos cualquier cosa.

Familiares y amigos llegamos a la finca alrededor de  las 12 del mediodía y… ¡SORPRESA!, fueron  ellos, los novios, quienes nos recibían. Ambos guapos e informales, con unas sonrisas que no les cabían en la cara y los ojos brillantes de ilusión. (Nota: Quiero más sorpresas así. Novio, novia, ¡recíbanos!). En ese momento pensábamos que el esperado momento de ver el vestido de la novia ya había pasado… tan rápido… tan sin esperártelo… pero… hubo más sorpresas.

Tuvimos tiempo de ver todos los detallitos que habían decorado los novios, los jardines de la finca y sus vistas. Nos recreamos en el árbol de los recuerdos, un abeto lleno de fotografías de ellos, de sus familias y de nosotros, los amigos. Fue muy divertido recordar anécdotas a raíz de las imágenes…

Una vez recibidos todos, Sílvia, nos juntó a todas las damas de honor y nos entregó un obsequio muy bonito… unas cajitas de kraft y encaje (siguiendo la decoración de la boda, ¡claro!), papel de seda del color de la boda (el azul turquesa… por si todavía no había quedado clarinete… jeje), una pulserita trenzada en cuero blanco con una medallita de plata con nuestro nombre y sus iniciales, “S i J”  y una foto de ella con nosotras con un emotivo escrito personalizado en el dorso. #lagrimitaalpoder

Además, nos entregó los ramos, réplicas de su precioso ramo en más pequeño.

De los ramos, los centros de mesa y todo el resto de decoración floral se encargó la floristería NUS (Not Usual Store). Hicieron un trabajo precioso.

Cuando ya creíamos que lo siguiente ya era la ceremonia… los novios nos sorprendieras nuevamente…

Joan, escogió un traje oscuro de sastrería Pujol Vilà, camisa blanca satinada, chaleco con dos tonos de gris, corbata con nudo y unos originales gemelos… coincidirán conmigo que estaba ¡guapo a rabiar!

Bajo la mirada de una madre y un padre orgullosos de su hijo y de dos hermanas que no podían reprimir las lágrimas por ver a su hermano pequeño dar un paso tan importante, Joan pasó con ellos los momentos antes de “entrar” (o salir, mejor dicho…)

Ella, sin poder parar quieta ni un momento (ni ese día fue capaz de que otros se ocuparan de lo más banal… jaja), con esta vitalidad y alegría que la caracteriza, cambió su vestido corto de color blanco roto con lazo de raso por un extremado Manu García con flecos, pedrería, encaje y flores. El modelo lo completaba un original collar de flecos del mismo conjunto que el vestido. ¡Era ideal para ella!

Sus padres y Sandra, su hermana del alma, la ayudaron a cambiarse y compartieron con ella esos bonitos momentos previos de mariposas en el estómago e ilusión.

Un amigo de la infancia, un amigo de la adolescencia, un amigo de él también, un amigo.  Albert le llevó el ramo y le dedicó un verso muy  sentido, pues fue el padrino de boda. Éste, el momento padrino lo encuentro muy emotivo, pues exceptuando la familia más próxima, suele ser el privilegiado de estar con la novia momentos antes del momento más esperado.

La ceremonia fue al aire libre, como no podía ser de otra forma. Un baúl de madera a modo de bodegón, sillas blancas de madera, balas de paja, una mesa a base de troncos y unas vistas a la montaña fueron los elementos que la enmarcaron.

Sílvia, soñadora y enamorada de la factoría Disney al completo, no pudo escoger mejor canción que El Ciclo de la Vida de El Rei Leon para entrar… una canción que le trae muchos bonitos recuerdos de la infancia. Fue sorpresa para todos, también para su padre, el que, consciente de que su niña se ha hecho mayor (aunque lleve un eterno Peter Pan dentro), no pudo reprimir las lagrimas.

Abrazos que sin decir nada, lo dicen todo.

El acto lo ofició Rafel y participaron amigos y las hermanas de ambos. Fue una ceremonia muy sentida a la vez que divertida.

Eli y Esther, las hermanas de Joan, destaparon más de una anécdota que a todos nos arrancó más de una sonrisa y alguna lagrimilla.

Sandra, la hermanísima de la novia, con su simpatía y espontaneidad que la caracteriza, hizo un discurso muy ella, del que recuerdo perfectamente sus últimas palabras… “hoy sé, que en lugar de perder una hermana (… ains… el miedo de una hermana pequeña cuando la otra se echa novio…), he ganado un hermano”. (Llorera).

Y Núria, una buena y especial amiga de ambos, fue la guinda del pastel con sus palabras llenas de anécdotas, de recuerdos de sus inicios y de su evolución como pareja hasta ese día.

Los novios recibirnos una bonita sorpresa, un mensaje de una amiga muy especial que no pudo estar presente pero que les envió unas palabras desde la otra punta del mundo.

Como os he avanzado al principio, Perla, su amor perruno, tenía que estar presente ese día tan importante, así que jugó el bonito papel de llevarles las alianzas. (Aunque suerte de Laura, la primita de Sílvia, que casi la tenía que arrastrar… pobre… hasta que no los vio… ¡no estaba mucho por la labor!)

El porta alianzas era un huesito de tela (hecho por la madre de la novia) con colgante de madera en forma de corazón y las iniciales de ambos grabadas. Los anillos los sostenía un lazo del color de la boda.

¡Estaban radiantes de felicidad!

Después de la ceremonia, los novios aprovecharon el encanto del entorno y de la masía para su reportaje a solas…

¡Las damas de honor aprovechamos el momento también! ;)

El aperitivo se sirvió entre los jardines y una zona cubierta de piedra. ¡Todo estaba riquísimo!

En un lateral ubicaron el árbol de los deseos con esta simpática nota… Creo que nadie se fue sin dejar una o dos o tres… notitas. ;)

En el otro lateral dispusieron bailarinas azules para poder aparcar los tacones y no andar descalzas llegadas ciertas horas en las que los tacones divinísimos pasan a ser #lostaconesdelamuerte. ¡Punto para los novios!

El seating lo enmarcó una pieza de madera antigua adornada con cintas, encajes y ramilletes de flores secas. De allí colgaban la distribución de las mesas bajo nombres de montañas.

La sala donde se celebró el banquete era un espacio moderno pero que mantenía ese toque rústico de toda la masía. Techo con vigas de madera, ventanas por los cuatro costados y paredes desnudas.

Para indicar el sitio de cada comensal, los novios se dedicaron a cortar tronquitos y recoger piñas… más natural y bonito… ¡Imposible!

Además, en cada silla nos dejaron como obsequio unas bolsas de tela (IDEALES para reutilizar después… playa, montaña, heladito… ¡Para todo!) con su logo impreso (a juego con toda la papelería y las invitaciones de boda) llenas de cosas chulas que dieron mucho juego durante toda la velada. Había señales de ok y de ko, pajaritas de colores para los chicos, cintas con plumas para las chicas, entre otras cositas… ¡Fue un puntazo! (Ya imagino toooda la familia de recorta, pega y cose durante díiias y díiias… Y Sílvia controlando el cotarro como solo ella sabe hacer. Jeje).

Y… paras las damas de honor hubo sorpresón adicional. Cada una nos encontramos un sobrecito azul turquesa entrelazado con cuerda y un corazón de madera… al abrirlo, una nota de agradecimiento de la novia que ¡nos hizo correr el rímel a todas! “Gracias por estar siempre, por hacérmelo pasar tan bien, por aguantar mis nervios y mis días cruzados, por todo”. (Lo que parece que no sabe es que nos encanta ELLA, con lo bueno, lo menos bueno y lo mejor). Y con la nota, la guinda del pastel, ¡vale para un masaje! ¡Wow!

La comida fue buenísima y movidísima. Los manteos a los novios llegaron antes del segundo plato. Con eso, creo que está todo dicho. Besos, congas y aplausos fueron non stop.

Una vez terminado el segundo plato, nos tocó a nosotr@s sorprenderles… un video de Sílvia de pequeña en un carnaval, su familia disfrazada de “Locomía”, el grupo de glam español de los 80, con su característico baile con abanicos, ella se levanta y coge dos abanicos (más grandes que ella) y empieza a bailar con UN RITMO y una GRACIA que les dejó a todos alucinando… Todos los invitados nos levantamos, salimos a la pista de baile (capitaneados por su madre) con abanicos y le recreamos ese baile. ¡Los tendríais que haber visto! Al momento, ¿Quién estaba bailado en medio? ¡Bingo! Ella. No podía ser de otra forma.

El pastel fue cosa de nuestra damita pastelera, Dolça. Le dio ese toque rústico acorde con toda la boda. Iba servido sobre una base de tronco natural, decorado con flores de azúcar y cuerdas de yuta. Muy bonito.

Después llegó el momento de las entregas… flores y fotos a los padres, pasteles de pañales para los futur@s mamis y papis, fofuchas (muñecos hechos con goma eva) caracterizadas al más mínimo detalle para los futuros novios (¡Eh! Hechas por ellos. ¡Brutal!) y cerditos para l@s que todavía no nos han dado el notición (jajaja ¡Chic@s!, esto ya no es una indirecta…).

Y el ramo no podía ser para nadie más que para Sandra, su querida hermana pequeña.

Se apagaron las luces, se encendieron las bengalas y a ritmo de Aerosmith con I Don’t Want to Miss a Thing, se regalaron y nos regalaron ese primer baile…

Para endulzarnos un poco más, dispusieron una mesa de dulces que ¡quitaba el hipo!

Llegados a ese punto llegó la barra “más” libre aún, los bailoteos como si no hubiese un mañana, los saltos y las sonrisas, los “sois únicos” (porqué lo son) y cada vez más la nostalgia y la penita porque todo día empieza y acaba.

Decir que durante la fiesta, servidora cumplió un año más, y no me faltó el pastelito para poder soplar la vela. Me hizo llorar. (Vale si, una es de lagrima facilonga… pero es que me emocionan muchas cosas). Gracias chicos.

Una boda 10 de una pareja 11. Deseamos que siempre tengáis la misma sonrisa y la misma ilusión que aquél día.

Del reportaje fotográfico se encargó LORABAAR FOTOGRAFIA, una profesional y emprendedora joven que rebosa frescura por todos sus poros. Le gusta captar “esos” momentos sin encorsetamientos, con naturalidad.

Gracias Laura por prestarnos tu trabajo.

FOTOGRAFÍA: LORABAAR FOTOGRAFIA

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