Postboda Í&R en Londres: cerramos un círculo

Hoy publicamos un post muy, muy, muy especial…

Londres no es  la ciudad más romántica del mundo ni mucho menos, pero para nosotros es la  ciudad en la que afianzamos nuestra relación. Los motivos más íntimos me los guardo, pero sí voy a decir que toda esta historia tiene su origen en el 2008, el verano del 2008… momentos en los que nuestros caminos divergían un poco, las inquietudes de ambos eran dispares y la existencia del equilibrio brillaba por su ausencia.

Sin embargo, cuando de verdad se apuesta por algo, y aún que no se esté en el mejor de los momentos sigues pensando que por aquello vale la pena luchar… luchas. Pues eso hicimos, atarnos la manta a la cabeza y fuimos a por ello. Metafóricamente, claro está (si hubiese sido literal… ¡Vaya guisa!), eso fue lo que hicimos.

En las relaciones, nunca es siempre un camino de rosas sin espinas. Muchas veces toca comprender, toca razonar, toca escuchar, toca empatizar, toca bajarse del burro y toca ceder… por ambas partes, claro. Sin eso, difícilmente haya una relación sana y prospera.

Ese verano, en Londres, no solo nuestra relación dio un giro de 180 grados, nosotros también lo dimos. Sobretodo yo, confieso. Desde allí, me atrevería a decir que soy ¿Otra persona? Soy mi versión mejorada.

Por este motivo, que en realidad esconde muchos más, ambos teníamos claro que si alguna vez decidíamos dar el paso, no habría lugar con más sentido para nosotros, que proponerlo allí, en nuestra Londres. Y así fue. Rafel me sorprendió, pues lo organizó todo sin que atisbara ni el más mínimo detalle. Vamos que la sorpresa fue de órdago.

Un sábado cualquiera (Miento. ¡Cualquiera no! Fue a menos de un mes de plenos exámenes de oposiciones. Loco INCONSCIENTE… ¡Cuánto me gusto! jajaja), me despertó casi de madrugada, mediante un juego me hizo descifrar un lugar y me dio media hora para vestirme y para poner dos trapos en una MINI maleta, nuestro vuelo salía en menos de 2 horas. Y yo, pretendía llevarme los apuntes ¡para estudiar un rato! Jajaja

La excusa fue que como estaba estresada y hacía mucho que no íbamos a Londres, un par de días de desconexión nos iría bien… y sí, se me pasó por la cabeza, pero me lo creí a él. ¡Qué boba!

Fueron dos días intensos de patear, recordar historias y lugares, seguir pateando… hasta que fuimos a cenar a OXO TOWER (por las pintas que llevábamos pensaba que nos quedábamos en la puerta…), un restaurante al lado del Támesis, la St Paul’s Cathedral iluminada de fondo… unas vistas de escándalo de la ciudad.

Allí, en una mesa un poco apartada, justo antes de los postres, Rafel cortó la conversación y empezó a decir cosas extrañas…, yo no entendía nada… me estaba poniendo nerviosa por momentos… hasta que sacó la cajita (no, no era roja de terciopelo… jajaja … era marrón y dorada) y me hizo la preguntita (jijiji). No llegué a responder. Primero me quedé con cara de “perdona, esto se avisa” (obviamente no se avisa, pero bueno…), después me entró la risa tonta y la verborrea de “no me lo esperaba” (su cara pobre… ¡Era un poema!). ¡Me preguntó si es que no me gustaba el anillo! (jajaja me estoy riendo sola… pero es que recuerdo taaan bien ese momento…) Y si, finalmente le dije que claro, que sí, que no lo dudara ni por un instante, solo que… la respuesta no me salió de película (o sí, ¡De película de humor!). Pero nada, ¡esto es la vida real! No te levantas maquillada y te despeinas en la montaña rusa.

Me encantó que consiguiera ponerme tan nerviosa como cuando empiezas a salir con alguien, cuando todavía no hay la suficiente confianza como para que el silencio no sea incómodo y la conversación te la piensas antes… (si si, muy heavy pero es así). Pues ese momento, fue tan especial que me sentí así. Un poco adolescente otra vez.

En fin… después de toda esta historia, nuestra historia, teníamos claro que queríamos hacer el post boda en Londres, y eso hicimos.

Fotógrafo, vestidos y nosotros para Londres. Fueron tres días de non stop. Recorrimos la ciudad como turistas pero con nuestras mejores galas. Nos lo pasamos GENIAL. La indumentaria que llevábamos no nos impidió absolutamente nada. No diré que fue la más cómoda posible (obviamente no) pero tuvo mucha gracia. Había gente que nos paraba para hacernos fotos, otros nos felicitaban, otros nos prohibían entrar a museos (necesitábamos acreditación para hacer publicidad… ¿perdón? ¡Son fotos particulares de post boda! Jajaja). En resumen, para volverlo a vivir.

Así que hoy, con mariposas en la tripa, sacamos a la luz un postboda muy NOSOTROS… divertido, romántico y con un toque canalla. Os dejamos no solo un reportaje sino, la culminación de nuestra historia y sus” porqués”, en Londres.

¡Esperamos que os guste!

Empezamos la sesión en el skyline de un centro comercial con la St Paul’s Cathedral de fondo y unas vistas impresionantes de la ciudad…

Cruzando el Millennium Bridge recorrimos ambos lados del Támesis… la Tate Modern, los embarcaderos enfrente de OXO Tower, la zona de graffiteros y skates, los puestos de hod dogs (en algún momento habíamos de coger fuerzas! jeje), el London Eye,  hasta la Westminster Abbey y el representativo Big Ben. ¡Vamos…  que pasear, paseamos!

Abandonamos el rio y nos sumergimos en el centro como turistas que van de compras; tiendas, restaurantes, bares, más tiendas, más restaurantes, más bares, dos cervezas, más tiendas… el Soho, una zona de constante ebullición… y Piccadilly Circus.

Se nos hizo de noche, literal, estábamos rendidos los tres (ellos más, lo confieso) pero no podíamos desaprovechar estas vistas… ¿No? No.

Empezamos la mañana en Nothing Hill, el barrio que lo hizo tan famoso la película protagonizada por Julia Roberts y Hugh Grant. Casitas adosadas con sus fachadas de colores, sus tiendecitas de souvenirs, sus calles tranquilas o repletas de turistas a paso sosegado,…

Una vuelta por Regent’s Park… nuestro parque favorito de Londres.

Nos dirigimos hacia Camden Town, la zona más alternativa con diferencia de la ciudad… Su  mercado entre fábricas, sus puestos de comida rápida, sus antiguos establos como marco de tiendas de segunda mano, sus gentes variopintas y el turista más expectante, fueron el colofón final de nuestra ruta.

Y sí, después de una sesión de lo más intensa necesitamos recobrar más que fuerzas, así que en medio de los puestos de comida rápida de Camden nos plantamos… y ¡qué bien nos supo!

 Y hasta aquí. Gracias Londres por darnos tanto, y a ti Edu, por aguantar este tour con la cámara en una mano, nuestros trastos en la otra y tu suma paciencia.

FOTOGRAFÍA: Eduardo López del Santo

¡Parejas! Si tenéis ocasión, hacer la maleta, calzaros de nuevo el vestido de novi@ y salir a escape. ¡La experiencia vale la pena!

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