El aperitivo se sirvió en los jardines, rodeados de moreras, pinos, palmeras, mesas altas y bajas con sus jarrones de flores, música en vivo (un saxofonista amenizaba el ambiente) y buen rollo.

En un lateral creamos “La nostra història” (“Nuestra historia”, así lo bautizamos), un espacio lleno de fotografías nuestras, de familia y de amigos. Lo ideamos estilo árbol genealógico, las fotos de los abuelos, la de los padres, nosotros de pequeños, nuestras familias y nuestros amigos. La imagen era un collage repleto de imágenes que contaban historias, nuestra historia. La base era un marco enorme creado a base de palés de madera que fuimos acuadrillando unos con otros.

En otro lateral ubicamos la zona “Racó dels records” (“Rincón de los recuerdos”… vamos, el libro de firmas, ¡por inventar nombres que no quede! Jajaja).  Realmente es algo muy típico, pero nos gustaba la idea de, una vez pasado ese día, en casa ya, con la morriña y la nostalgia, el cansancio por haber disfrutado infinitas veces mil, el dolor de pies y las agujetas por haber bailado como si no hubiese un mañana… poder revivir ese día a través de los escritos de nuestra gente y darnos cuenta de la de cosas bonitas y divertidas que le pueden decir a un@. :)

Este rincón lo diseñamos con mucho mucho mimo. Una mesa de madera redonda, cubierta por telas de lino y puntillas de las iaias, una máquina de coser antigua con historia familiar, un marco de fotos con mensaje, potes de cristal con flores, nuestras iniciales de madera y EL ALBUM (y lo pongo en mayúsculas porque no se merece menos).

Queríamos un álbum totalmente personalizado en el que tuviese cabida fotografías, espacio para los escritos de los invitados y en el que poder guardar la papelería de la boda como recuerdo. Después de mucho buscar dimos con Cascaras de papel una artista del scrap que nos diseñó un álbum precioso que cumplía todos nuestros requisitos. Los colores, los elementos decorativos, los guiños a Londres (esto ya lo explicaré en otro post, sólo avanzo que Londres marco un antes y un después en nuestra historia), las páginas con fotos nuestras y las páginas en blanco para los escritos… todo cumplió con creces nuestras expectativas. Es un recuerdo muy bonito… de hecho, como elemento decorativo, ahora ocupa un lugar principal en nuestro nido. ;)

En el espacio anterior a la sala dónde se sirvió el banquete (una especie de porche totalmente cubierto) ubicamos el seating y los detalles con los que obsequiamos a los invitados.

Para el seating rescatamos unos “porticons” (que pintamos y decapamos) en los que escribimos los nombres de las mesas (escogimos lugares de nuestra querida Londres para organizar la distribución, este fue el giño que buscamos para que la ciudad que nos marcó estuviera presente) y quiénes se sentaban en cada lugar. Potes de jardinero y cestas con flores complementaban el espacio.

Como obsequio regalamos dos botellas de vino de las bodegas Avgvstvs Fórvm (unas pequeñas, familiares y bonitas bodegas de nuestra tierra, el Baix Penedés). Unas cajas de cartón en color bronce y nuestro logo estampado en dorado fue el packaging del obsequio. Un cartelito de madera (nos pasamos vaaarias noches pintando y caligrafiando este y otros carteles… resultado, ¡ahora tenemos una letra que ni los ángeles! jajaja) indicaba que nadie se dejase su paquete al irse. ;)

Una vez acabamos con el reportaje y disfrutábamos de la compañía de nuestra gente en el aperitivo… tambores… un ritmo ensordecedor (de esos que se sienten dentro del pecho, como el de los petardos en los fuegos artificiales, pues ese) irrumpía dando paso a un grupo de Batucada (Sambatek). Esos ARTISTAS nos hicieron bailar como si no hubiese un mañana. ¡Es imposible no moverse cuando suena una batucada! (Aquí ya me quedé sin medio recogido, despeinada, acalorada, pero me dio absolutamente igual. Lo que disfrutamos compensa todos los pelos fuera de lugar).

Vale, estas no son las mejores fotos, salimos movidos y están descuadradas… pero transmiten un buen rollo… que por mí, compensa.

A ritmo de batucada entramos todos a cenar (lo suyo le costó al maitre hacernos entrar… jajaja).

El banquete se sirvió en el salón principal, un amplio espacio de madera y ventanales, en el que la modernidad de un techo con tubos de acero a la vista contrastaba con la nobleza de la madera tanto en las vigas del techo como en el parquet del suelo.

Mesas redondas, manteles de lino beis, cajas de madera repletas de flores, velas en potecitos de cristal adornados con encaje y cartelitos de madera con el nombre de la mesa (¡cuanto llegamos a escribir!) fue el montaje de la sala. Cada persona tenía indicado su sitio en una tarjetita de cartón que colgaba de un potecito de mermelada casera (sí, sí, también hicimos de cocineros! Jaja Como dice el dicho… ¡Valemos para un roto y un descosido! Con modestia). La minuta (diseño de MissMrs, mucho más que una boda) completaba el montaje de la mesa. En la mesa presidencial, además, colocamos nuestras iniciales de madera pintadas en blanco envejecido, pues nos las regalaron unos buenos amigos (Mònica y Ramon de Lavand&Love ) en su boda y nos quedaban ideales.

A ambos nos encantan las velas, sus llamas aportan un halo de magia y sutileza en la atmósfera que lo envuelven todo… ese fue el efecto que buscábamos colocándolas en todas las mesas del salón.

También jugamos con las bombillas, una cortina de lucecitas en la parte trasera de la mesa presidencial y en la zona de baile, tres grandes letras de madera y bombillas (I&R, nuestras iniciales). Todo ello desprendía una cálida luz amarillenta que embellecía el espacio.

De hecho, esta era una de nuestras cuatro premisas cuando decidimos día, lugar y hora para celebrar nuestra boda, poder jugar con la iluminación.

Para los peques les preparamos una decoración más colorida y divertida. En el centro, un montón de globos se alzaban al más estilo Up (de Disney) y cada uno tenía un cubito de latón con su nombre, relleno de juguetitos varios (rotuladores, papelitos, plastilina, líquido de burbujas, máscaras de cartón con dibujos de animales, un molinito de viento… ¡vamos, que de aburrimiento nada!) Y para los más más peques, un osito dormilón indicaba dónde colocar su carrito. ;)

A los futuros novios, que no eran pocos, les hicimos unos carteles de madera con sus nombres y la fecha de la boda (quiénes la sabían…jejeje) y los colgamos en sus sillas. (Nos encanta porque a fecha de hoy, todos ellos tienen este detalle colgado o colocado en algún rinconcito de su casa).

No queríamos que los taconazos (o dígase “#zapatosquenomepongohabitualmente”) fueran el motivo de #personasinmovimientoenlapistadebaile, así que ¡compramos alpargatas para todos! En un lateral de la sala, dispusimos cajas de madera y potes de latón llenos de alpargatas blancas separadas por tallas. Diría que a los tres minutos de entrar en la sala casi que se podía colocar un cartel luminoso diciendo “cierre por falta de stock”. Nosotros fuimos previsores y todos respondieron, resultado, ¡festival!

La cena fue divertida y deliciosa (está feo que lo diga yo, pero este también fue el comentario de los invitados, así que hago de VOZ). Tenemos unos amigos y familia muy pero que muy animados, con lo que ni ellos nos dejaban tregua… ¡ni nosotros la queríamos! Entre “chin chins”, olas, besos, más besos, más brindis y más olas… llegó el pastel.

El pastel fue sorpresa de una amiga pastelera (artista mejor). Le pedimos que se encargara de diseñarlo y elaborarlo. Ella sabía nuestros gustos, colores y las flores que llevaba en el ramo de novia, pero nada más, no hubo más reuniones. Era una sorpresa, su sorpresa.

Después de cenar, se apagan las luces, empieza a sonar Wake Me Up, de Avicii, y aparece Dolça (sí sí, tiene miga la cosa. ¡El nombre le va que ni hecho a propósito! jeje) con esa maravilla… lloré. Lloré porque me encantó, no le faltaba detalle, las flores de azúcar recreaban las rosas peonia de mi ramo, nuestro logo estampado en dorado, los detalles en verde mint, coronado con una mini banderilla de pompones… era precioso; y también lloré, porque allí se veía reflejado todo el cariño que nuestra artista del azúcar nos dedicó.

Llegó el momento de las entregas. Ramos y fotos a los padres y a la iaia, mi ramo y novios, ¡muchos novios…!

Pasamos un video de las parejas que tenían previsto casarse (¡Disfrutamos mil montándolo! Cómo cambiamos con los años… jajaja), una cascada de fotografías de ellos mezcladas, rescatadas de aquí y de allá, actuales y de hace años… vamos, recuerdos de su historia. Mientras, con una canción distinta para cada pareja, entregamos seis figuritas de latón distintas, cada una representaba a una pareja por algún motivo, afición, profesión,… Nos encantó ver la cara de felicidad y de emoción de todos ellos. (¡Bonitos!) De hecho, a fecha de hoy, cuatro parejas ya han vivido y disfrutado de SU día. Ains… ¡que penita que lo bueno pase tan pronto!

El ramo de novia, con la canción de T’estimo molt de fondo, se lo entregué a mi hermana, mi mitad (no porque seamos mellizas, jajaja… sino porque me completa); además, le pedí a la floristería que me hicieran una réplica de mi ramo para mi prima Alícia, una persona muy especial en mi vida. (Sí… momento lloros máximos).

La zona de baile la decoramos con nuestras iniciales (tamaño XL) de madera y bombillas y con  pompones de los colores de la boda. Nos pasamos varios meses (no solo nosotros, también reclutamos a familia y amigos) abriendo pompones… nuestra casa estaba inundada, ¡literal!

El momento (dígase) baile (o cualquier cosa que se le parezca) llegó. Rafel y yo somos pésimos bailarines, nos movemos sí, a nuestro ritmo, también, pero ya. Y no quisimos preparar un baile para ese día. Así que escogimos una canción muy nuestra, nada convencional pero que nos llega, que nos produce un nudo en el estómago cuando la escuchamos y nos eriza la piel si la ponemos al máximo cunado vamos en coche. Amb tu, de los Lax’n Busto, un grupo de rock catalán que nos acompaña des de hace muchos años.

Para este momento, buscábamos “algo”… un efecto WOW que fuera la traducción de lo que sentiríamos nosotros al “bailar” (movernos) nuestra canción. Después de darle muchas vueltas y hablarlo mucho con Jordina (la encargada de las celebraciones en La Boella, un amor de profesional que nos ayudó mucho, poniéndonos las cosas fáciles y dándonos opciones en las que no podían ser) teníamos claro lo que queríamos. Una cascada de fuego. Contratamos unos especialistas en pirotécnica que colocaron los petardos en el exterior de la zona acristalada de la sala, justo detrás de la zona de baile. Y voilà… en el estribillo de la canción, una cascada de fuego estalló, mil chispas… luz… nos sentimos envueltos en una magia especial. Fue… ¡buaah! Lo siento pero no sé explicarlo en palabras…

No seguíamos ningún ritmo, ni coincidíamos en ningún paso… pero no nos daba vergüenza (ahora cuando vemos el video sí… ¡yo saldría corriendo! jajaja) era como si solo estuviésemos él y yo…

Después del baile tocó el “momento regalo de los amigos”. ¡Habíamos de ganárnoslo! Idearon varias pruebas que habíamos de superar para llevarnos el premio. Las pruebas versaban en aspectos que nos caracterizan (¡que nos caracterizan por mal claro!). Nos hicieron cantar, bailar… dejamos el sentimiento del ridículo amordazado y ¡nos divertimos muy mucho! ¡Muchas gracias chic@s, sois la alegría de la huerta!

Llegados a este punto, la barra libre, los bailoteos, las risas, los abrazos,…el desmadre padre inundó la zona de baile y los jardines. ¡Todo era fiesta!

Para la fiesta dispusimos un rincón con maxi gafas, boas, antifaces de plumas, collares de flores… para que todos pudiéramos adornarnos al más puro estilo carnaval. Nos encanta disfrazarnos. ¡Siempre es un buen momento para plantarse algún atuendo! ¿Qué le vamos a hacer?… Vivimos el carnaval, así que ese día ¡no podía faltar este elemento! ;)

La última sorpresa fue la llegada de La Creperia de Mariöne, una caravana vintage adaptada para cocinar crepes. Sabiendo cómo es nuestra gente, que lo dan todo y se entregan al máximo, unas crepes a altas horas de la madrugada irían de fábula para recobrar fuerzas y seguir. Y así fue. Sobre las tres llegó la caravana, con sus lucecitas, su puesta en escena tan cuqui y sus riquísimos crepes, y sirvió hasta pasadas las seis. ¡Todo un éxito! (Este hallazgo nos lo descubrió mi hermana, y nos encantó, así que fue de las primeras cosas que contratamos).

A altas horas, cambié de vestido, no porque me molestara (¡ya le tenía más que el truco cogido!) sino porque mi segundo vestido era obra de mi iaia… ¿Os acoráis que en el primer post de la boda “Í&R, nuestra boda. ParteI: Los preparativos” expliqué que inicialmente quería un vestido soft, sin palabra de honor, con espalda WOW….? Pues mi abuela, que es una artistaza de costurera y me tiene consentidísima (…si, lo confieso, es así) me dijo que ella me diseñaba y cosía el vestido soft que quería… (solo me falta el emoticono con carita sonrojada y corazones en los ojitos). Y así fue. Mi segundo vestido era de seda, color cava, se adaptada perfectamente a la silueta, con escote de pico en la espalda y cuello barca, todo bordeado con un encaje de piedrecitas que le daban un toque “vintage”.

El vestido me encantaba, más que por él (que también) por ella… por mi iaia, la ilusión con que me lo hizo… eso queda grabado en el corazón.

Una de mis fotografías favoritas…

Cansancio… felicidad… nostalgia… alegría… morriña… orgullo de familia y amigos… estos eran algunos de los sentimientos que teníamos entonces (menos cansancio, los otros siguen intactos, ¡ojo!). No fuimos conscientes del paso de las horas, porque todo fluyó solo, sin preocupaciones, sin agobios, sin fachadas… vivimos ese día subidos en una nube, en lugar de andar teníamos la sensación de levitar (al día siguiente ya os digo que no… ¡estábamos por cortarnos los pies!). Fuimos nosotros mismos, sin apariencias ni vergüenzas, sin contenernos ni escondernos. NOSOTROS.

Ahora, si tuviera que dar un consejo, lo tengo claro… diría: Haced lo imposible para que aquél día sea el día que soñáis, VUESTRO DÍA. Pero llegado el día, solo DISFRUTAD, DISFRUTAD Y DISFRUTAD.

Para nosotros, esta es la actitud. ;)

Hasta aquí. Despido la boda, nuestra fiesta, con casi la misma penita que ese día, pero feliz porque lo disfrutamos todo mil. Disfrutamos no solo ese día, sino toda la previa, disfrutamos los preparativos, los agobios iniciales, los días y noches de pinta y colorea, las horas en la cocina pelando fruta, los intentos (y más que una victoria) de reclusión de amigos y familia para abrir la marabunta de pompones, las horas de empaquetar trastos para desempaquetarlos después, los cambios de idea, los “¿…y sí..?, los “¿…y si no…?” los “quedamos así. No, quedamos asá…”. Disfrutamos con nuestras familias, viéndoles tan ilusionados como nosotros, contentos por participar también en la preparación del día, con los amigos, contándoles cosillas, o no contando y dejándoles que imaginaran… Vamos, que el recuerdo abarca muchísimo más que un día, y como todo, cuando finaliza algo a lo que le has dedicado ilusión tiempo y amor, da penita… pero se está FELIZ por haberlo vivido y compartido.

Los que hayáis llegado hasta aquí, solo puedo deciros: GRACIAS. Habéis sido lectores de mis más sinceros sentimientos. #sinfiltros. 

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