Í&R, nuestra boda. Parte II: La ceremonia y el reportaje.

La ceremonia la organizamos en una parte de los jardines. Ésta era una de nuestras premisas al escoger el lugar, estar al aire libre rodeados de verde.

La entrada a la ceremonia iba enmarcada por dos puertas (recicladas por nosotros) apoyadas en dos árboles, de los que se construyó una arcada de musgo y caían flores con efecto cortina. Cajas, cestos y potes de jardinería con flores completaban el espacio. Éste marco, no sólo lo utilizamos para dar paso a la entrada a la ceremonia sino que posteriormente, le añadimos dos sillones de mimbre y se usó como espacio de “photo call” para las fotos en grupo.

*Nota del pensamiento en voz alta: Nos daba TEMOR el momento “vayan pasando”, en que los novios se fijan al suelo y los familiares y amigos van pasando para la foto de grupo; pero a la vez, queríamos tener ni que fuese una foto con todos y como fuimos bastantes… optamos por, dentro de lo clásico, darle un aire menos formal y estéticamente más bonito.  

Las sillas para los familiares y amigos, distribuidas en dos columnas, eran de madera blanca e iban adornadas con unos potecitos colgados de cristal y flores. Para ayudar a combatir el calor, colocamos encima de cada silla un pai-pai en forma de corazón de los mismos colores y diseño que las invitaciones de boda (el diseño fue de MissMrs, mucho más que una boda). ¡Fueron un éxito!

El encuadre del altar estaba formado por una antigua mesa de carpintero de madera (no queríamos vestir una mesa, no nos encajaba con el entorno, igual que con las sillas, queríamos algo natural que se fusionara con el entorno), adornada con tul y jarrones de cristal con flores y un columpio de madera con más flores.

De las flores se encargó El Taller de les Flors, de Vila-Seca: ceremonia, centros de mesa y otros espacios, además de mi ramo y el de mis damas de honor. Contactamos con varios floristas hasta que encontramos lo que íbamos buscando. Marcamos el estilo que queríamos, los tonos, las flores que nos gustaban, hasta que después de varias reuniones donde sus consejos y propuestas estuvieron patentes, fijamos la decoración floral.

Queríamos una ceremonia amena, nada encorsetada, en la que amigos y familiares pudieran participar, así que le pedimos al padrino que actuara de oficiante. Salvo un par de directrices nuestras, el resto fue totalmente orquestado por él. Fue la sorpresa con la que quiso brindarnos, y no nos defraudó. Él es un tipo peculiar, con un humor muy suyo pero con saber estar, así que la ceremonia tuvo todos esos toques que esperábamos: momentos de risas, momentos emotivos y nada “pesada”.

Rafel escogió Your Song de Elton John para entrar.

Yo, me decidí por Alegría del Cirque du Soleil, una canción que siempre que la escucho consigue ponerme la piel de gallina por la intensidad instrumental y el mensaje de la letra.

Recuerdo el momento en que por fin nos dirigíamos a la ceremonia (mi papa y yo cogiditos de la mano…) cómo el instante de más emoción de toda la celebración. Ir del brazo de mi padre, y ver toda mi gente (¡guapísim@s!)  expectantes a mi llegada, con caras de alegría, emoción… y por fin verlo a él, la razón por la que estás allí…buah…¡eso no puede explicarse!

En la ceremonia participaron nuestras hermanas, amigos de toda la vida y otros con los que la amistad se ha forjado en la universidad. Vamos, una pequeña pero buena representación de nuestra gente, aquella que nos conoce, comparte nuestra vida y forma parte de nosotros.

Los anillos los trajo Laia, la sobrinita, una muñeca rubia de ojos azules. Y el porta alianzas fue un bastidor bordado, por la madre de Rafel, con nuestros nombres, la fecha de la boda y unos corazones entrelazados. Obviamente, ¡los colores no fueron al azar! ;)

Para nuestra salida, rellenamos bolsitas kraft con pétalos blancos de clavel y confeti en forma de corazón y se colocaron en unas cajas envejecidas en la entrada de la ceremonia.

¡Me encantan estas fotos! Mis damas, mis chicas, mis princesas… todas radiantes, cada una con su estilo, pero todas del color que escogí, el melocotón. ¡Gracias!

Después de la ceremonia, tuvimos nuestros momentos a solas y aprovechamos para el reportaje. Lo recuerdo como un rato muy divertido, pues los nervios iniciales ya habían desaparecido, sólo quedaban las mariposas en el estómago, las sonrisas imborrables y la risita tonta de dos enamorados. ¡Se nos pasó el rato volando!

Aprovechamos los jardines, los patios, la biblioteca… la finca disponía de muchos rincones con encanto y no escatimamos en fotos. ;)

 ¡Y hasta aquí el segundo fascículo! Jajaja

Si todavía no os he saturado en demasía, ¡no os perdáis la tercera y última parte, la celebración! Prevista su publicación el próximo martes.

En este punto me siento un poco como  en el día de la boda, cuando todavía queda el banquete, las sorpresas, los bailoteos hasta las tantas, PERO… sabes que estas en el epicentro… ¡ganas de QUE NO SE ACABE!

FOTOGRAFÍA: Eduardo López del Santo

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