Í&R, nuestra boda. Parte I: Los preparativos.

Hace poco más de un año vivimos este día como uno de los más especiales y emocionantes de nuestras vidas.

El hecho de casarse puede no ser más que “formalizar” el compromiso entre dos personas, hacerlo legal, y nada más. Decisión válida y totalmente respetable. Sin embargo, el hecho de celebrarlo con aquellos a los que más quieres y gritar a los cuatro vientos que os queréis, respetáis y deseáis estar el uno junto al otro, es realmente una experiencia que ha de vivirse en primera persona.

En la vida puede haber muchos momentos importantes, y no digo que el día de la boda haya de ser el mejor (¡hay muchos días para haber de quedarse sólo con uno!), pero cómo mágico y tremendamente sentido, creo que pocos pueden superarlo.

Hoy, (¡POR FIN!), publicamos NUESTRA BODA, y enfatizo el NUESTRA no sólo porque éramos nosotros los novios (esto es evidente jajaja), sino porque fue tal cual la queríamos. El lugar, la decoración, los detalles, la ceremonia,… las personas, todo nació en nuestros pensamientos y quedó plasmado en ese día.

Nosotros, entendemos que las bodas son de DOS, no de la novia o del novio. Una pareja se casa porque ambos quieren (o así debería ser) y si toman la decisión de embarcarse en la organización de la celebración es porque a ambos les hace ilusión.

Antes de decidir fecha, lugar y fotógrafo (para nosotros, los puntos de partida de la boda), nos marcamos éstas cuatro premisas: 1. Verano sin que el calor asfixiara; 2. Ceremonia en espacio abierto; 3. Lugar en que, en caso de lluvia nos permitiera tener un plan B que nos gustase casi tanto como el plan A. (digo “casi” porque si nos gustase más, sería el plan A! jajaj); 4. Poder jugar con las luces y las velas.

Vamos, que después de mucha búsqueda por internet, hablar con unos y otros y varias visitas, decidimos celebrarlo el 30 de agosto del 2014, a las 17:30h de las tarde, en La Boella, una finca de 110 hectáreas de olivos y jardines, compuesto por varios espacios (nos permitían la versatilidad que buscábamos en caso de lluvia), un hotel boutique (decorado con un aire rústico pero elegante) y su característico molino de aceite.

Ambos queríamos vestirnos en el hotel, pues el espacio era precioso y nos aportaba tranquilidad el hecho de evitar desplazamientos.

Rafel escogió la suite, un espacio alzado, amplio, soleado y decorado con materiales nobles como la madera en el suelo y en parte de las vigas del techo.

Vistió con esmoquin de la sastrería Pujol, camisa blanca, chaleco gris oscuro ribeteado en negro y pajarita.

Los gemelos, de oro blanco y ónix, fue un regalo que le hice unos días antes de la boda, él me sorprendió en su momento y yo, ¡lo hice más tarde! ;)

Sus padres, hermana, cuñado y sobrinos lo acompañaron en esos momentos antes de la ceremonia.

Yo, Íngrid, escogí el espacio opuesto. La planta baja de la torre, mucho más rústico, con terraza, ventanal de madera y suelo de cerámica. Adoro los espacios con solera que tienen ese toque antiguo y si hay cerámica, ya muero de amor.

Conmigo tenía a mis padres, mi hermana y mi cuñado, ¡como no podía ser de otro modo! ;)

Quería que me ayudaran a vestirme y prepararme (siii…vale… quizás no sea necesario tanto, ¡pero a una le gusta que la mimen!).

Escogí un Rosa Clarà palabra de honor con el cuerpo de encaje y pedrería y falda de tul, tul y más tul. Me enamoré completamente de él desde “el momento cero coma” en que me lo probé.

La elección del vestido la recuerdo con mucha morriña. Mis padres y mi hermana me acompañaron siempre en todas las citas y cuando me probé MI vestido, mi padre, que es un osito, se levantó, me ofreció el brazo y me dijo: “Ara sí, ja podem anar” (“Ahora sí, ya podemos ir”). El mar de lágrimas fue monumental… jajaja

*Pensamiento en voz alta. Aun qué suene muy peliculero, el vestido te escoge. Pues mi idea inicial era la antítesis de lo que escogí, un vestido muy soft, con espalda WOW, nada de palabra de honor… ¡vamos, que casi acierto! jajaja Antes de MI vestido, me probé muchos, casi todos del mismo estilo que os comentaba, y sí, me gustaban, pero ninguno me ENCANTÓ.

No quise velo, pues mi vestido tenía mucho volumen en la falda y lo veía demasiado recargado, ¡todo son gustos! Sin embargo, quería guantes, ¡eso era clarinete! Escogí unos guantes de tul cortitos, a la alzada de la muñeca, con la misma aplicación de encaje y pedrería que llevaba el cuerpo del vestido. Creo que me daban un “toque muy yo”. ;)

Los pendientes fue un regalo de mis suegros. Dos minerales en forma de lágrima del mismo tono que los zapatos.

En el pelo, después de mucho dudar (creo que es lo que más me costó decidir…) me decanté por llevar cara y espalda totalmente despejada. Juana, mi peluquera de confiança, me peinó un recogido que iba coronado por una horquilla de plata que emulaba unas hojas.

Por último, opté por un maquillaje muy suave, no quería verme PINTADA. Joana me maquilló los ojos con toques tierra y verde ahumado, labios nude y por supuesto, máscara de pestañas.

Zapatos… huía del blanco, de los clásicos, de los colores demasiado estridentes, no quería sandalia, ni cuña ni tacón de aguja… vamos que ¡di más vueltas que un ventilador! Hasta que los encontré.

Unos extremados y altísimos Úrsula Mascaró atado al tobillo de color indefinido… ¿plomo? ¿bronce? ¿print? ¡Perfectos para mi! ;)

Para no romper la tradición, mi “algo azul” también fue el “algo prestado”, días antes de la boda, mis damas me citaron y me entregaron la liga de Laura (Boda ceretana de L&D, haz clik aquí) dentro de una cajita lavanda (el color de su boda) con una lazada melocotón (el color de la nuestra). Este detalle ya ha pasado a ser ¡una tradición!

Fue mi hermana quién me la puso… ¡adoro a esta niña!

En Catalunya es típico que el padrino entregue el ramo a la novia y le lea un escrito pensado por él.

Mi padrino fue un amigo de la infancia, Albert (Jou para muchos), de esos con los que has compartido guardería, colegio, instituto, de los que quizá pasas tiempo sin ver pero los reencuentros son como si el tiempo no hubiese pasado, con los que el silencio no es incómodo.

El escrito que me leyó, definiéndome, recordando momentos de nuestras vidas en común, de el paso de él en mi vida y de yo en la suya… muy emotivo. Las risas, las miradas nostálgicas y mis lagrimitas, no faltaron. Gracias Jou.

Hasta aquí la primera parte. :) No he querido alargar el post en demasía, así que he decidido dividir la boda en tres partes: Parte I. Los preparativos; Parte II. La ceremonia y el reportaje; y Parte III. La celebración.

¡No os perdáis la segunda parte! Está prevista su publicación el próximo viernes. ;)

 

Para mí, escribir este post es volver a revivir todos y cada uno de los momentos no solo de ese día, sino de mucho antes. Así que disculpad si me hago pesada pero tengo demasiada nostalgia para no recrearme en él.

FOTOGRAFÍA: Eduardo López del Santo

2 Comentarios

Dejar una respuesta